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Las alternativas a Microsoft Office, algunas son gratuitas y de código abierto

Microsoft Office es la suite ofimática de productividad y colaboración más completa de la industria y -junto a los navegadores web- el grupo de software más importante y usado en cualquier ordenador personal. ¿Hay alternativas? Sí, tanto de pago como gratuitas y algunas de código abierto.

Ya ha llovido desde que a finales de los 80 Microsoft lanzara la primera versión de Office que de manera sorprendente no fue para Windows, sino para los Apple Macintosh de la época. Un año después llegó para Windows en una versión estándar que incluía tres de las grandes aplicaciones de la compañía, el procesador de textos Word, la hoja de cálculo Excel y la destinada a presentaciones PowerPoint, mientras que una versión «Pro» añadía a las anteriores Access para manejo de bases de datos.

La estrategia de ofrecer las principales aplicaciones de productividad empaquetadas en un solo producto fue un éxito total y con el tiempo se ha convertido en la estrella absoluta entre el numeroso software de Microsoft y en estándar de facto de este tipo de suites. Dos décadas después del lanzamiento de la suite Microsoft comercializó la versión en nube como apuesta de futuro. También ha sido un éxito y con el tiempo ha conseguido atraer a millones de suscriptores empresariales y también consumidores.

Hace un par de semanas te ofrecimos el anuncio de Office 2021, la próxima versión independiente de la suite para instalaciones en local que estará disponible a finales de este año. En un momento de pandemia, donde el software de oficina de alta calidad se ha vuelto todavía más importante para teletrabajo o estudio en casa, el lanzamiento de más versiones en local es una muestra más de la importancia de este tipo de software y de que Microsoft no quiere dejar ningún resquicio que rebaje su posición de privilegio y ni un solo usuario sin atender.

Alternativas a Microsoft Office

Vaya por delante que uso las aplicaciones de Office desde los años 90 y contraté una suscripción de Office 365 (hoy Microsoft 365) que uso a diario. Para mí y para muchos otros profesionales es difícil el reemplazo, sobre todo si la empresa donde trabajas también la usa, aunque entiendo que no es la situación de todos los usuarios y hay otras alternativas de calidad a explorar.

Además, no todos los usuarios necesitan tantas aplicaciones ni tantas funciones para uso ofimático básico. Por otro lado y aunque Microsoft ofrece una variante gratuita de prestaciones reducidas (Office Online) la gran diferencia la marca las versiones de pago que no todos quieren/pueden pagar y en el caso de las versiones 365 exigen conexión a Internet para aprovechar adecuadamente servicios como el almacenamiento en nube OneDrive y otros.

Finalmente, mencionar otros aspectos menos positivos como el código propietario que no admite auditoría externa o la recopilación de datos que ha sido denunciada por algunos reguladores europeos al descubrirse que una treintena de equipos de ingeniería distintos de Microsoft tuvieron acceso a 25.000 tipos de datos de eventos de Office, en una telemetría que habría incumplido el nuevo reglamento de protección de datos de la UE, GDPR, y la propia privacidad de los usuarios.

Si por cualquiera de estos aspectos buscas alternativas a Microsoft Office estás de enhorabuena porque existen. No todas son tan completas ni de la misma calidad, pero muchas de ellas son gratuitas, algunas de código abierto y con prestaciones suficientes para una gran mayoría de usuarios. Te recordamos las que consideramos más interesantes por si quieres probarlas.

LibreOffice

Cualquier listado de alternativas a Microsoft Office que se precie incluirá en puestos destacados a esta suite creada para mantener vivo el proyecto OpenOffice una vez que éste cayó en manos de Oracle tras la compra de Sun Microsystems y que se ha convertido en el mejor reemplazo en suites de productividad para instalar y usar en local.

Técnicamente compatible con el formato de archivos de Microsoft Office, el proceso ha ido mejorando en la última versión 7.0. Cuenta con herramientas integradas para crear documentos complejos, libros y páginas web y cientos de plantillas y extensiones disponibles para ampliar su funcionalidad. Además de Writer, Calc e Impress, para documentos de texto, hojas de cálculo y presentaciones, LibreOffice incluye otras aplicaciones de oficina como Draw (diagramas), Base (bases de datos) y Math (fórmulas avanzadas).

No solo es gratuita, sino de código abierto y multiplataforma con versiones para Windows, Mac y Linux. No puede competir con las versiones en nube de Microsoft, pero para uso en local, cuenta con prestaciones sobradas para la mayoría de consumidores. No cuenta con apps móviles oficiales, pero uno de sus desarrolladores certificados, Collabora, ha publicado recientemente apps basadas en LibreOffice para dispositivos iOS y Android.

OnlyOffice

Menos conocido, pero interesante con un eslogan que reza: «Potente como Microsoft Office, gratis como LibreOffice». Utiliza de forma nativa los formatos de Microsoft Office y su interfaz es limpia y profesional, a medio camino entra la demasiada inflada de Microsoft Office y la menos atractiva, pero mejorada en las últimas versiones de LibreOffice.

Está desarrollada bajo código abierto y es completamente gratuita para uso personal. Permite la edición colaborativa en tiempo real y uso compartido de archivos, con capacidad de autohospedaje para acceso web interno a empresas privadas. Además de la versión de consumo gratuita para Windows, Mac y Linux, tiene otras Cloud y Enterprise de pago.

FreeOffice

Liviana, pero bastante completa, está desarrollada por la compañía Softmaker y dispone de las características esenciales que un usuario necesitaría y esperaría de una suite de oficina moderna. Fue la primera de las suites alternativas a Microsoft Office que ofreció compatibilidad con sus formatos, pudiendo leer y escribir sin problemas.

Su interfaz es atractiva; ofrece al usuario la posibilidad de elegir entre un aspecto clásico (con barras de herramientas y menús) o un aspecto moderno (con una cinta tipo «ribbon» de Microsoft), además del uso de pestañas para editar múltiples documentos. Incluye capacidad de exportación para EPUB (conversión de documentos en libros electrónicos) y cuenta con instalación portable en USB para usarlo en cualquier parte. Cuenta con versiones para Windows, macOS y Linux.

WPS Office

Muy potente y completa, quizá la conozcas por su anterior nombre, Kingsoft Office. Incluye todo lo que necesita una suite ofimática, además de algunas características únicas como conversión de PDF, fusión y división de PDF, firmas de documentos, cifrado de documentos, cientos de fuentes y plantillas, edición de documentos con pestañas y mucho más.

Ofrece 1 GB de almacenamiento gratuito con WPS Office Cloud e intercambio de archivos con otros a través de WPS Office Cloud. Tiene versiones Premium (económica de 30 dólares al año) y Professional. Un par de aspectos que nos gusta menos es que la versión gratuita se financia con publicidad y que necesita máquinas con un cierto nivel de hardware. Está disponible para Windows, Mac, Linux, iOS y Android.

Polaris Office

Es una suite de oficina multiplataforma gratuita que es posible que conozcas si usas un teléfono inteligente de Samsung, ya que viene preinstalado en algunos modelos. Ofrece un conjunto completo de herramientas que incluyen un procesador de texto, una hoja de cálculo y una aplicación de presentaciones, así como un editor web y otras.

Polaris es compatible con Microsoft Office y ofrece 1 Gbyte gratuito en nube y capacidad para conectarse a servicios en nube como Google Drive, Dropbox, Box, OneDrive y Amazon Cloud Drive. Cuenta con versiones para iOS, Android, Mac y Windows de pago y también una versión gratuita para uso personal. La instalación de la versión para Windows intenta colar bloatware como antivirus. Puedes rechazarlo durante el proceso de instalación.

Zoho Workplace

Con una interfaz fluida y más enfocada a usos profesionales, ofrece colaboración en tiempo real con edición y chat; firmas digitales, intercambio rápido de documentos y otras características especiales como la capacidad de publicar documentos directamente en el CMS WordPress para publicaciones web.

Importa y exporta limpiamente archivos de Microsoft Office; tiene autenticación de dos factores para mayor seguridad; amplia personalización de documentos, configuraciones y espacios de trabajo y hasta 5 GB de almacenamiento gratuito a través de Zoho Docs. También incluye una herramienta de creación de sitios poderosa, una solución de administración de archivos y una serie de herramientas de colaboración que incluyen chat, intranet social y herramientas para reuniones en línea. Cuenta con versiones gratuitas y de pago.

Google Docs

No puede faltar de un listado como este la solución ofimática y de productividad que Google ofrece gratuitamente para el mercado de consumo y uso personal. No alcanza en número de aplicaciones y funciones a MS Office, pero sus prestaciones son más que suficientes para las necesidades ofimáticas de la gran mayoría de usuarios que trabajan desde Internet.

Como suite en nube, no necesita ningún tipo de instalación en local, tiene una interfaz simple e intuitiva y es muy fácil de usar. Es capaz de importar archivos DOCX, XLSX y PPTX pero no puede exportarlos directamente. Incluye 15 Gbytes de almacenamiento gratuito en nube para archivo de documentos; colaboración en línea en tiempo real con hasta 50 usuarios simultáneos; integración con otros servicios de Google incluidos Gmail y Calendar; sencilla administración de los permisos y edición sin conexión que se sincroniza automáticamente tan pronto como el usuario se conecta a Internet.

Puede usarse en cualquier plataforma y además de la versión de consumo gratuita tiene su equivalente de pago para empresas Google Workspace, con mayor capacidad de almacenamiento en nube y prestaciones avanzadas.

iWork for iCloud

Microsoft Office para Mac es tan buena como la versión para Windows y aunque sea una plataforma rival Microsoft la mima especialmente. Muchos mackeros la usan, pero para los que quieran algo propio de Apple esta es la respuesta. Si bien la suite iWork de Apple normalmente cuesta 10 dólares por aplicación, los usuarios pueden usar Pages, Number y Keynote de forma gratuita en la web usando este iWork para iCloud. Es la opción obvia si ya usas iWork en Mac, ya que se integra bien y permite trabajar en los documentos en cualquier parte. El único inconveniente es que se basa en iCloud para el almacenamiento, que es una de las soluciones en la nube menos populares.

Como no podía ser de otra forma, se parece mucho a la versión de escritorio para Mac y en general lo que esperas de Apple: interfaz simple y atractiva (aunque poco personalizable), integración con el iWork de pago; 5 GB de almacenamiento gratuito en nube y exportación-importación de formatos de Office bastante limpia.

Un cura dio la “más bella explicación de la Creación”, según Einstein

Sabido es que ciencia y religión nunca han mezclado demasiado bien. Hubo un tiempo, ya lejano, en el que conciliar ambos términos era no sólo recomendable, sino casi obligatorio. Y, si no, que le pregunten a las cenizas de Giordano Bruno o a su compatriota Galileo, conminado muy a su pesar a recolocar la Tierra en el centro del Universo cuando ésta ya había encontrado su lugar. Si los católicos lo pasaban mal, mejor no les iba a los protestantes y así, Kepler, coetáneo de los anteriores, a punto estuvo de ver a su madre arder en la hoguera igual que al fantasioso de Bruno por su supuesta brujería.

Sin embargo, no siempre los prejuicios circulan en el mismo sentido. Incluso en tiempos más recientes.

Tal vez un ejemplo de ello sea el físico y matemático belga Georges Lemaître. Apenas un cráter en la Luna y el nombre de un vehículo espacial de la ESA –el ATV5, ya igualmente convertido en cenizas– nos lo recuerdan. Y eso que estamos hablando del hombre que se atrevió a corregir –educadamente, eso sí– al mismísimo Albert Einstein, prediciendo lo que más tarde Edwin Hubble comprobaría con los telescopios de Monte Wilson: la expansión del Universo. Lo que hoy todos conocemos como el Big Bang.

Lemaître nació en Charleroi (Bélgica) en 1894. Apasionado por las ciencias y la ingeniería, tuvo que interrumpir sus estudios con veinte años para defender a su país, inmerso en la Primera Guerra Mundial, siendo incluso condecorado como oficial de artillería. No debió de gustarle nada lo que allí vivió y, horrorizado, decidió tomar los hábitos y ordenarse sacerdote. Corría el año 1923. Pero Lemaître no abandonó su primera vocación. Su formación académica en física y matemáticas fue formidable, comenzando por su paso por la Universidad de Cambridge y terminando con su doctorado en el todavía mítico MIT estadounidense, institución en la que se doctoraría.

Poco después –en el año 1927– publicaría en una revista local el esbozo de su modelo de universo. Partiendo de los postulados de Einstein –un cosmos estático de masa constante– llega a un resultado totalmente diferente: el radio del universo tenía que crecer de forma continua para ser estable. Al enterarse, el genio alemán rechaza la idea con virulencia: "Sus cálculos son correctos, pero el modelo físico es atroz". Y eso que Lemaître siempre haría uso de la famosa constante cosmológica inventada por el propio Einstein, de la que más tarde el alemán renegaría con mayor vehemencia incluso que la utilizada por Galileo para escapar de la pira purificadora. En 1931 su trabajo alcanza las páginas de Nature, y en él se detalla su teoría completa del ‘átomo primigenio’ o ‘huevo cósmico’, derivándose de entre sus líneas lo que luego daría en llamarse exclusivamente Ley de… Hubble.

Einstein y Lemaître coincidirían en varias ocasiones. Einstein, agnóstico, recelaba del cura belga, puesto que su modelo cosmológico lógicamente arrastraba a un origen ¿divino? en el espacio-tiempo, y eso no le gustaba ni a él ni a muchos astrofísicos. Pero lo admiraba. En una ocasión, durante una estancia en Bruselas y disertando ante un erudito auditorio, Einstein espetó: "Supongo que no habrán entendido nada, a excepción claro está del abate Lemaître". En territorio comanche, juntos en Princeton, Einstein también dejaría caer al oír predicar a su colega belga: "Ésta [por Lemaître] es la más hermosa explicación de la Creación que nunca haya escuchado". Otra cosa es que hablara realmente en serio.

Como es natural, la fama de Lemaître no tardó en llegar al Vaticano. A pesar de los despectivos intentos del tan brillante como lenguaraz Fred Hoyle y los seguidores de la teoría del universo estacionario –el mismo Hoyle, durante un programa de radio de la BBC, bautizaría con bastante mala intención la teoría de Lemaître como Big Bang en 1949–, el modelo de universo en permanente expansión era imparable. Georges Lemaître ocuparía durante su vida distintos cargos en la Academia Pontificia de las Ciencias, siendo asesor personal del papa Pío XII. Y éste no quería dejar pasar semejante oportunidad. Si el Universo tiene 13.700 millones de años, ¿importaría mucho que se creara en los siete días bíblicos o en poco más de 10-35 segundos? Con gran pesar de Pío XII –que, curiosamente, fue elogiado por Einstein en su defensa de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial–, Lemaître huyó de explotar la ciencia en beneficio de la religión. Suyas son las palabras:

"El científico cristiano tiene los mismos medios que su colega no creyente. También tiene la misma libertad de espíritu, al menos si la idea que se hace de las verdades religiosas está a la altura de su formación científica. Sabe que todo ha sido hecho por Dios, pero sabe también que Dios no sustituye a sus criaturas. Nunca se podrá reducir el Ser Supremo a una hipótesis científica. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe". Tras escuchar a Lemaître, el prudente Pío XII abandonó la idea de hacer del Big Bang un dogma de fe.

Georges Lemaître falleció en 1966, sólo dos años después del hallazgo irrefutable de la radiación del fondo de microondas, el eco proveniente del origen del Universo, de su Big Bang. Quizá su nombre pintado en la chapa de un carguero espacial no haga justicia suficiente a una mente —creyente o no— divina.